sábado, 5 de enero de 2013

DEL LIBRO GEOGRAFIA DEL ECUADOR DE VILLAVICENCIO año 1860





La parte de los jíbaros, donde se hallaba Logroño, fue agregada al gobierno de Cuenca, por una cédula real, habiendo sido primero de Macas y después de Yaguarzongo. Se denominó esta parte misiones del Gualaquiza y Rosario. Con motivo de esta agregación por los años de 1670, se hicieron algunas tentativas por el gobierno de Cuenca para la reconquista de los jíbaros del Paute o Gualaquiza, en donde vivían las tribus de los Pautes, Paloras, Palmas y Logroños: mas como estas expediciones no consiguieron su objeto por la fuga de los jíbaros, el gobierno de entonces mandó que no se hicieran mas gastos  del tesoro real, sino que se invitara a los particulares, ofreciéndoles a nombre del rey los correspondientes premios por la conquista y progresos que hicieren.

   Un caballero acaudalado que a la sazón se hallaba en la ciudad de Cuenca, abrazó con entusiasmo la empresa y dispuso su entrada por el pueblo de Paute, cerca de Cuenca, por ser desde allí, navegable el rio Paute (después llamado Santiago) hasta salir al Marañón. Esta primera tentativa dejó mendigo al empresario. Después se hizo otra por una compañía de Cuenca y tuvo igual resultado.

    El obispo de Quito excogitó el medio de mandar misioneros jesuitas a la conquista en el año de 1631: estos obtuvieron buen suceso, y por el año de 1790 salían ya muchos jíbaros al pueblo de Paute con sus efectos de comercio: dos años después entraron allí muchos blancos llevándoles herramientas y bujerías.

 Los jíbaros continuaron saliendo con el objeto de hacer bautizar a sus hijos y adquirir compadres, a quienes reputan como parientes. Continuó su tráfico sin interrupción hasta el año de 1812, en que presenciaron las disensiones del pronunciamiento de la independencia y los movimientos de tropas de Cuenca y Quito; esto los hizo retirar; mas, dos años después, volvieron a salir para estrechar sus relaciones con los hombres de importancia, entre los cuales distinguieron mucho al  doctor  Pablo Hilario Chica,  que fue un oidor distinguido.

 Las visitas que hacían a este caballero eran muy frecuentes, y en el año de 1816 salió un gran número de jíbaros con la pretensión de llevarle consigo, pues tal era lo que le amaban. … Desde entonces comenzaron a hacer muchos establecimientos los cuencanos y los vecinos de los pueblos contiguos.

 Los naturales del Sigsig, en compañía de los jíbaros, trabajaban un camino para los pueblos de Gualaquiza y Rosario, muchos años antes fundados con curas, misioneros y autoridades puestas por los ecuatorianos”.
Dr. Manuel Villavicencio .

Enero 20—1860